Las palabras, el
lenguaje, el significante, conceptos que buscan la definición de todo cuanto
nos rodea pero los cuales no llegamos a comprender. Somos. La autodefinición de nuestro ser se encuentra en una palabra
que empleamos sin preguntarnos qué hay más allá de su significado superficial.
Las palabras significan, presentan conceptos de la naturaleza y esta, por mucho
que el ser humano intente relegarla de su puesto, es el origen de todo lo que comprendemos
y todo lo que somos. De nuevo, somos.
Las palabras pesan, se mueven, buscan el porqué de las nimiedades y nos
facilitan la comunicación. Pero las palabras no son simples canales. Las palabras
conforman el lenguaje, y el lenguaje es el símbolo del símbolo, es la necesidad
de explicar aquello que nos hace sentir, que nos hace palpitar. Cuando la
palabra somos se utilizó para
definirnos a nosotros, a los humanos, se cargó de un significado que los
propios somos, las propias personas,
hemos olvidado. Somos es ser, existir, pertenecer a una realidad que
desconocemos y que es preciso indagar. Conformarnos como los somos es comprender esa realidad,
palparla y sentirla, observar como el propio significado de ese significante se
carga de insignificancia ante el descubrimiento de aquello que no podemos
definir. La palabra realidad pierde importancia al pensar en lo que es la
realidad. Abarcar la magnificencia de la naturaleza con una simple palabra
inventada por los somos es caer en el
dañino manto de la superficialidad. Las palabras no muestran por sí mismas la
verdadera realidad. Son un mero instrumento que nos hace caer en la facilidad y
la sencillez, obnubilando la complejidad de nuestro yo interno y del mundo
externo, haciéndonos caer en la espiral de una vida que no es vida, de una vida
que no busca el sentido complejo de la propia palabra vida, sino que se queda
atascada en el automatismo y el estereotipo, sin ir más allá.
El lenguaje fue
creado por animales racionales, animales que pensaron y buscaron cómo nombrar a
los pensamientos y que elaboraron un complejo código con el que poder explicar
al resto de somos lo que uno mismo es
o quiere ser. Desprestigiar el lenguaje utilizándolo de forma mecánica elimina
nuestra racionalidad, lo que nos confiere como somos, y nos obliga a catalogar a los que antes eran los somos como meros robots. La sociedad
busca eso, robots, seres humanos programados y diseñados para una vida
superficial, una vida fácil y sencilla donde el pensamiento no tenga cabida.
Darse cuenta de la complejidad de cada una de las palabras que abordan nuestro
lenguaje nos permite descubrir la complejidad de la vida, nos hace experimentar
con mayor tensión y deseo lo que esta nos ofrece. Buscamos saber cada vez más,
porque los somos no podemos
autodefinirnos como somos sin saber
cómo es lo demás. Ser somos y no
robots es ser seres humanos, y ser humanos nos confiere la racionalidad que
muchos ya han perdido. Buscar el “por qué” y no el “porque sí” es el primer
paso que debemos dar hacia ese resquicio de humanidad que aún queda en pie.
Tras ello, solo queda intentar comprender, intentar pensar, buscar dentro de
nosotros lo que somos de verdad. Somos los somos;
simple humanidad.
18/10/2012
P.D: Las palabras son instrumentos del alma, vías de desahogo de sentimientos difíciles de catalogar. La escritura busca la calma del cuerpo tras la tempestad del pensamiento. Allí está zozobra, susurrando al oído la letanía de un lamento que nunca tiene fin.
Zozobra me susurra al oído, me dice que tranquilidad no es el camino, que prosiga con lo que escribo, sandeces donde el corazón piensa, y el cerebro hace de testigo.
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