jueves, 18 de octubre de 2012

Somos.


Las palabras, el lenguaje, el significante, conceptos que buscan la definición de todo cuanto nos rodea pero los cuales no llegamos a comprender. Somos. La autodefinición de nuestro ser se encuentra en una palabra que empleamos sin preguntarnos qué hay más allá de su significado superficial. Las palabras significan, presentan conceptos de la naturaleza y esta, por mucho que el ser humano intente relegarla de su puesto, es el origen de todo lo que comprendemos y todo lo que somos. De nuevo, somos. Las palabras pesan, se mueven, buscan el porqué de las nimiedades y nos facilitan la comunicación. Pero las palabras no son simples canales. Las palabras conforman el lenguaje, y el lenguaje es el símbolo del símbolo, es la necesidad de explicar aquello que nos hace sentir, que nos hace palpitar. Cuando la palabra somos se utilizó para definirnos a nosotros, a los humanos, se cargó de un significado que los propios somos, las propias personas, hemos olvidado. Somos es ser, existir, pertenecer a una realidad que desconocemos y que es preciso indagar. Conformarnos como los somos es comprender esa realidad, palparla y sentirla, observar como el propio significado de ese significante se carga de insignificancia ante el descubrimiento de aquello que no podemos definir. La palabra realidad pierde importancia al pensar en lo que es la realidad. Abarcar la magnificencia de la naturaleza con una simple palabra inventada por los somos es caer en el dañino manto de la superficialidad. Las palabras no muestran por sí mismas la verdadera realidad. Son un mero instrumento que nos hace caer en la facilidad y la sencillez, obnubilando la complejidad de nuestro yo interno y del mundo externo, haciéndonos caer en la espiral de una vida que no es vida, de una vida que no busca el sentido complejo de la propia palabra vida, sino que se queda atascada en el automatismo y el estereotipo, sin ir más allá.
El lenguaje fue creado por animales racionales, animales que pensaron y buscaron cómo nombrar a los pensamientos y que elaboraron un complejo código con el que poder explicar al resto de somos lo que uno mismo es o quiere ser. Desprestigiar el lenguaje utilizándolo de forma mecánica elimina nuestra racionalidad, lo que nos confiere como somos, y nos obliga a catalogar a los que antes eran los somos como meros robots. La sociedad busca eso, robots, seres humanos programados y diseñados para una vida superficial, una vida fácil y sencilla donde el pensamiento no tenga cabida. Darse cuenta de la complejidad de cada una de las palabras que abordan nuestro lenguaje nos permite descubrir la complejidad de la vida, nos hace experimentar con mayor tensión y deseo lo que esta nos ofrece. Buscamos saber cada vez más, porque los somos no podemos autodefinirnos como somos sin saber cómo es lo demás. Ser somos y no robots es ser seres humanos, y ser humanos nos confiere la racionalidad que muchos ya han perdido. Buscar el “por qué” y no el “porque sí” es el primer paso que debemos dar hacia ese resquicio de humanidad que aún queda en pie. Tras ello, solo queda intentar comprender, intentar pensar, buscar dentro de nosotros lo que somos de verdad. Somos los somos; simple humanidad.
18/10/2012
P.D: Las palabras son instrumentos del alma, vías de desahogo de sentimientos difíciles de catalogar. La escritura busca la calma del cuerpo tras la tempestad del pensamiento. Allí está zozobra, susurrando al oído la letanía de un lamento que nunca tiene fin. 
Zozobra me susurra al oído, me dice que tranquilidad no es el camino, que prosiga con lo que escribo, sandeces donde el corazón piensa, y el cerebro hace de testigo.

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