Dicen que la vida es un frenesí de idas y venidas que nunca
van a parar, y que solo en el último suspiro de un cuerpo en descomposición
dará sentido a una vida plagada de incertidumbre, cólera y dolor. Dicen las
malas lenguas que vivimos una época donde los cambios son cuerpos que decaen
con la fuerza de un campo económico negativo. Dicen que seremos instrumentos
generados y programados para trabajar hasta que los huesos no aguanten el peso
de una piel que el cansancio hará caer. Dicen los malos pensamientos que
viviremos en la más absoluta y completa impersonalidad. Hace tiempo me
enseñaron que a lo malo caso no hay que hacer. Me enseñaron que soy
infinitamente distinta al resto de personas que completan el resquicio de
humanidad que aún queda en pie y que a su vez soy tan idéntica a cualquier ser
vivo que conforma el universo como dos bolsillos de un mismo jersey. Dicen que
el racismo no es más que el miedo de Analfabetismo a ser educado y que si la
vida fuese en blanco y negro discriminarían en una hoguera al gris intermedio.
Me dijeron que las cosas son de una forma y otra. Comprendí que los extremos
siempre son malos. Me dijeron que Carpe Diem es una palabra latina. Anoté que
es mejor entender un significado a usarlo sin darse cuenta del error. Dicen que
la sociedad está perdida, que Futuro solo sueña con Presente, que Carpe Diem
alzó bandera en su lucha contra Calma y Moderación, dicen que Caos reinará
mientras Armonía cava una fosa común. Personalidad me susurró al oído, he aquí
lo que dijo:
“Patrañas
y sandeces son las que oyeron tus sentidos. Blanco y negro son hermanos que no
precisan de enemigos. El Caos Armónico es el que reina en los sueños de los
niños y el Carpe Diem no es más que el Presente del Futuro al que devenimos”.
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