Creé una utopía con
una ensalada de judías…
Donde la revolución era a la francesa, guillotinando a los que un día
cambiaron paz por riquezas. Donde las personas no solo se unían con el himno de
una selección y por sus venas latía la sangre del egipcio que propuso la
reivindicación. Donde el mundo no se dividiera en banderas y Estados, sino que
pequeñas polis harían la función de gobiernos no obligados. Donde oligarquía y
monarquía fuesen palabras desconocidas, escuchando por las calles el clamor de
la democracia renacida. Donde Platón y Aristóteles se encarnarían en una
asamblea, siendo base del gobierno del pueblo que la lleva. Donde ministros y
ministerios dejarían de existir, siendo catedráticos los que guiarían el
porvenir. Donde la constitución tuviese solo tres bases; educación, respeto y
tolerancia, enseñadas en colegios como formas innatas. Donde la vida fuese más
fácil, y la libertad de las personas las palabra más bella entre todas. Donde
gritar no pasase de moda, el tiempo parase, y todos y cada uno de nosotros
miráramos hacia delante.
Soñé con una utopía posible de conseguir, terminé la ensalada y me
puse a escribir.
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